La corrección de estilo ve más allá de la corrección ortotipográfica (errores ortográficos, gramaticales y tipográficos). Pone atención en todo lo que el texto necesite para garantizar la hilaridad de las ideas, fluidez conceptual, economía del lenguaje, el disfrute de la lectura y la interpretación adecuada conforme al propósito del mensaje.
Además de los conocimientos sobre lenguaje, el criterio de intervención en la corrección de estilo se sustenta en la normativa, el uso lingüístico, el contexto, la intención comunicativa y el público al que va dirigido el texto. Distingue, por ejemplo, un error aparente de una decisión estilística del autor.
La lectura es más profunda. La persona correctora aplica sus conocimientos y experiencia para optimizar el texto, sin reescribirlo, con respeto siempre al estilo institucional o de la persona autora.
En otras palabras…
Cuando revisa un texto, el corrector de estilo percibe erratas, errores de concordancia, fallas de puntuación, aplica recursos tipográficos, unifica criterios (corrección ortotipográfica), errores de contenido (corrección de concepto, según la temática), aumenta la riqueza del vocabulario, señala vicios del lenguaje y cuida la coherencia y claridad de ideas, la fluidez y el goce de la lectura, siempre respetando la manera de redactar del autor. No es una labor fácil, por ello se requiere de experiencia y conocimiento.
Imagen: pexels mart production



