Aunque hoy día estamos inmersos en un mundo más audiovisual y dedicamos menos tiempo a leer textos mayores a tres cuartillas, el lenguaje escrito ha sido y es el vehículo esencial por el que las ideas, el conocimiento o las narrativas trascienden las generaciones para conformar la memoria de la humanidad.
Desde la protoescritura cuneiforme impresa con estiletes de junco o hueso sobre arcilla blanda de los sumerios en Mesopotamia hace más de 5,000 años –la mayoría de esas tabletas cabían en la palma de la mano, eran del tamaño de un teléfono inteligente actual–, la contabilidad, el registro administrativo y las ciencias pudieron desarrollarse con los sistemas de escritura.

Aun cuando las herramientas tecnológicas evolucionen y se diversifiquen –una hoja de papel y una pantalla táctil, tinta líquida o digital–, en la producción de textos públicos humanos o generados con apoyo de inteligencia artificial el trabajo de la corrección de estilo será indispensable. Así ha sido desde los antiguos anagnostes, quienes mucho antes del surgimiento de la imprenta revisaban las copias originales elaboradas por los escribas enriqueciéndolas con notas críticas.
La corrección de estilo en la era digital
En la actualidad, con la migración de los medios impresos al mercado digital, el auge del comercio electrónico y el protagonismo cada vez mayor de las redes sociales, la interacción con el público es inmediata y exigente respecto de los diversos productos. Con video o audio, el uso del lenguaje escrito adquiere características más persuasivas, enfocadas y de mayor alcance. Cualquiera que sea la respuesta, repercute en el resto de la comunidad de consumidores y a su vez en la imagen y prestigio de las marcas.

En otras palabras, en el caso de textos un error publicado es hoy mucho más visible y genera una reacción más sonora en la sociedad.
Evitarlo es sólo una parte del valor que los correctores de estilo añaden a los escritos ya sea informativos, académicos, literarios o de cualquier índole. Con su trabajo contribuyen a facilitar la comunicación en la sociedad, mejor informada, más libre y más bidireccional.
Frente a un escrito, el corrector profesional conecta con la intención del autor o de la institución, sin modificar el estilo, a fin de obtener una mejor versión que alcance su propósito. Debe sumergirse en las ideas para hacer más ágil, eficaz y disfrutable la lectura del público. Ello requiere de empatía, amplia cultura y conocimiento de la técnica.
Además, en el día a día un texto con limpieza siempre es una excelente carta de presentación.
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